La elevación uretral prostática es un procedimiento para tratar los problemas urinarios causados por el agrandamiento de la próstata. Cuando la próstata se agranda, se conoce como hiperplasia prostática benigna o HPB.
La próstata agrandada comprimía o bloqueaba parcialmente la uretra, el conducto que transporta la orina desde la vejiga hasta el exterior del cuerpo. El médico le colocó pequeños implantes en el tejido prostático para elevar la próstata y mantenerla alejada de la uretra. Una vez que se haya recuperado, es posible que le resulte más fácil orinar. Puede que tenga un mayor control a la hora de iniciar y detener el chorro de orina. El chorro de orina podría ser más fuerte. Y quizá sienta menos urgencia por orinar.
Es posible que tenga algunos efectos secundarios, pero suelen ser leves. Durante una o dos semanas, puede sentir algo de dolor o ardor al orinar. La orina puede tener un color rosado. También puede sentir la necesidad de orinar con más frecuencia. Algunas personas sufren infecciones urinarias, pero no es algo habitual. Por lo general, el procedimiento no provoca problemas de erección ni de eyaculación.
Es posible que necesite una sonda durante un breve período de tiempo tras el procedimiento. Se trata de un tubo de plástico flexible que se utiliza para drenar la orina de la vejiga cuando no puede orinar por sí mismo. Si aún la lleva puesta cuando vuelva a casa, el médico le dará instrucciones sobre cómo cuidar la sonda.
La mayoría de las personas pueden volver al trabajo o retomar muchas de sus actividades habituales en 1 o 2 semanas. En algunos casos, los síntomas reaparecen y es necesario someterse a otro procedimiento o a una cirugía.